martes 24 de junio de 2008

Una de cal, una de arena *

Esta mañana, después de un mes sin computadora, me la devolvieron intacta después de un intenso service. El reencuentro fue muy emotivo, nos abrazamos al borde del llanto, se hizo extrañar la sonsita. Lo primero que hice fue conectarme, me dí cuenta que extrañaba esto de comunicarme con el mundo exterior desde la cama.
Pero la emoción duró muy poco, específicamente hasta el momento en que el portero me hizo entrega de la “correspondencia”. Mi proveedora de banda ancha, que no tiene por que hacerse cargo de mi situación, me mandó la factura como todos los meses.
Sr. Fibertel, necesito decirle algo: una cosa es que me cobre un servicio que por cuestiones mías no pude utilizar, otra muy diferente es que me triplique el costo sin ningún aviso ni explicación.
En este momento estoy escribiendo la carta de queja. Señores o me bajan la tarifa o va a arder Troya. He dicho.

* Nunca supe cual es la buena y cual es la mala, tienen alguna idea?

martes 13 de mayo de 2008

¿lo qué?

Me doy cuenta que me estoy poniendo vieja cuando me entero de lo que es un “EMO” mirando a Peter Capusotto y sus Videos.

viernes 2 de mayo de 2008

Feriado

Llegué a la oficina con la sensación de que me sacaron de la cama un domingo para venir a trabajar. Después, seguí con la rutina laboral con sensación de lunes: fiaca y pachorra. Finalmente, ya terminando la jornada me rescato de que es viernes, viernes a la tarde, y estoy en la puerta del fin de semana. =))

Definitivamente, el día del trabajador me desorientó un poco...¿mañana es sábado, no?

lunes 28 de abril de 2008

Abriles

Todos los años para esta fecha, me pasa más o menos lo mismo. Sucede a medida que se va acercando el invierno, y el cuerpo pide más abrigo. No se trata sólo de un cambio de hábitos. Supongo que a todos nos tira más quedarnos en casa un sábado a la noche: película y chocolate matan cualquier salida cuando afuera la temperatura no llega a los 8 grados. Pero no es sólo mi tendencia a invernar en mi cueva, es algo más.

El descenso de los grados es directamente proporcional al afloramiento de recuerdos que creo olvidados, hasta que, de golpe, aparecen todos juntos. Y todos tienen que ver con la misma época y con la misma persona. Es como una negación interior (e inconsciente) de soltar una parte de mi vida en la que fui muy feliz. Entonces cierro los ojos y aparecen imágenes, totalmente vivas, tardes de invierno allá por el 96. Me veo con mi uniforme impecable, rodeada de mis compañeros de secundaria, en la puerta del colegio esperando para entrar, en algún recreo planeando alguna de nuestras maldades o estudiando para algún examen que en esa época parecía imposible de aprobar. Me veo también en mi casa, viviendo con mis padres, mucho más jóvenes que ahora, aconsejándome, guiándome y retándome, como todavía lo hacen. Y también me veo con él, en su auto, en su casa, en sus brazos, en su cama.

Todo en esa época era perfecto. Sin saberlo, estaba completamente feliz. Después, simplemente crecí. Vinieron etapas diferentes y no por eso menos lindas. Pero ya las cosas no fueron ni tan simples ni tan fáciles. Será que aprendí, a fuerza de golpes, que no toda la gente tiene buenas intensiones, y que no todos los que se dicen amigos están en las buenas y en las malas. Aprendí lo que son los problemas económicos, aprendí que se siente cuando te rompen el corazón en mil pedazos.

Cierto es que el tiempo cura todo, pero también es cierto que si curé es porque tengo memoria selectiva: cuando me acuerdo de esas épocas sólo rescato la parte buena. No logro acordarme de la angustia que me provocó salir de la adolescencia. Simplemente me quedan los buenos momentos, la risa, los abrazos, los besos, que todos los años, finalizando abril, se me vienen inevitablemente a la mente, y me imprimen esta sensación, mezcla de añoranza con melancolía.

miércoles 23 de abril de 2008

Así de fácil

Está buenísimo que un día cualquiera deje de ser un día cualquiera para ser EL DIA.

Paradójico, no? La nube de humo volvió a Buenos Aires, y a mí el cielo se me despejó de golpe.

sábado 12 de abril de 2008

Katarsis

No se puede estar sentada esperando todo el tiempo que algo pase, sin hacer nada al respecto. Todos los días me digo esto, y sin embargo, acá estoy. Sábado a la noche, con todo un mundo en marcha ahí afuera, encerrada en mi casa, con la música a todo volumen, un libro abierto, la tele prendida en “mute mode”, una tarta en el horno y la incógnita de que fue lo que hice de mi día desde las once de la mañana hasta ahora. Sería genial si alguien pudiera develarlo, yo no tengo la menor idea.
Y así pasan mis días (mi vida) matando el tiempo, esperando que algo pase, sin darme cuenta que es justamente es el tiempo lo que pasa. La vida me pasa por arriba cuando se supone que yo debería atravesarla.
Me gustaba más antes. Sí, sin lugar a dudas me encantaría ser la “maría” de antes. Alegre, espontánea, llena de amigos y de planes.
Hoy puedo conectar con nada ni con nadie. Ni siquiera tengo ganas de intentarlo.
Es que no le encuentro la vuelta. No puedo.
Sé que todo el mundo tiene problemas. Todos cargamos con cosas, y no es posible que yo no pueda con las mías. Pero NO PUEDO. Entonces, no es sólo la sensación de sentirme la más desgraciada del mundo, sino el enojo de no poder hacer nada con eso. Y sobre todo, la impotencia de no poder sacar nada de todo esto.

viernes 28 de marzo de 2008

...

No, no me fui de vacaciones, no me empaché con un huevo de Pascua, ni me quedé en un cacerolazo en Plaza de Mayo.
Es más simple, estoy sufriendo algo así como el síndrome de la hoja en blanco.
Tengo mil cosas dando vueltas en mi cabeza sin poder traducir nada en palabras. Ni por falta de ganas, ni por falta de tiempo.
Será cuestión de que pase la tormenta.